Las gotas humedecían la tierra de aquel pequeño bosque. Las hojas de los árboles las dejaban caer al suelo como si de lágrimas se trataran. La noche vencía la eterna batalla contra el día y la luna se coloba orgullosa entre la interminable negrura del cielo. Los truenos golpeaban con rabia cualquier cosa que se encontraban, dejando constancia de su paso. Una ardilla corrió a toda velocidad delante de él buscando protegerse entre los arbustos. Estaba tumbado en el suelo pensativo, preocupado, tanto que sus sensaciones parecían estar en sintonía con el paisaje. Pero en ocasiones en su cara se dibujaba una tímida sonrisa que parecía rebelarse ante la tristeza de la imagen, y que delataba que en realidad en su interior había una luz que si era liberada, sería capaz de iluminar el camino más oscuro. Su ropa al igual que su cara estaban manchadas de barro pero parecía no importarle. No tenía la seguridad (alguien le había enseñado que en la vida no se podía saber nada con certeza) de que la situación en la que se encontraba fuera pasajera, pero sí la esperanza. Su corazón le decía que debía permanecer allí, y tiempo atrás se había arrepentido en innumerables ocasiones de ignorarlo. Esta vez no sería así. Permaneció toda la noche a la espera, inmóvil, envuelto en sus recuerdos y pensamientos. La tormenta le amenzaba, pero se mantenía firme. Y por fin tras varias horas luchando contra el sueño ocurrió algo. Empezó a sentir con menos fuerza la humedad de la lluvia sobre su piel. Observó que el sol tras haber conseguido regresar a su trono, había pintado de azul un cielo que para nada parecía haber sido negro. La nubes desaparecieron, y algunas que no lo hicieron se tintaron de blanco puro. Él empezó a fijarse en una de ellas. Era pequeña pero tenía algo especial, o esa sensación le producía. De pronto de la nube salió una luz de colores que añadió una belleza inusual, a un paisaje que ya de por sí era precioso. El arco iris. La imagen había cambiado por completo, incluso los árboles parecía que habían consolado su llanto. Él se sintió completo, contento consigo mismo, sabiendo que había hecho lo correcto y había merecido la pena. Tiempo atrás había dedicado gran parte de su vida a cometer malas acciones, sin escuchar a su corazón ni a su conciencia y ésto tuvo como consecuencia el castigo de pasar muchos años entre sombras. Pero un solo día de hacer lo que de verdad sentía en su interior le había proporcionado un recuerdo tan bello que jamás lo olvidaría. Ahora tenía claro como sucederían las cosas, iba a cambiar como la noche en día, y nada ni nadie podría impedírselo. "Mucha gente piensa que las personas no cambian, que es imposible... ¡deberían pararse a ver como amanece después de una tormenta! Esto pensó para sus adentros, y la sonrisa que se dibujó en su cara dejó de ser tímida...
lunes 13 de octubre de 2008
lunes 8 de septiembre de 2008
A Antonio Rumí Cofrades
La muerte. El eterno enemigo invencible. Dedicamos la vida a evitarla, a intentar disimular que nos acecha, a hacer creer que no la tememos, cuando temblamos con solo nombrarla. Ella, sombra interminable, se hace cada vez más fuerte y va oscureciendo nuestros corazones, dejando llanto y tristeza por donde pasa. Ansiado sueño por algunos para escapar de los problemas, terrible pesadilla para la mayoría; nos ataca sin avisar y no deja heridas físicas sino vacío, oscuridad, y depresión en algo para lo que no tenemos cura, el alma. Y en ocasiones cuando la lentitud con la que pasa el tiempo le impide atacarnos directamente nos recuerda su maldad llevándose a las personas que queremos, ante nuestros ojos, sin que podamos hacer nada. O eso quiere que creamos. Porque en realidad no es así, pues la muerte no es invencible. Nunca sabremos que hay tras ella, si existe cielo o infierno, ángeles o demonios, un ser todopoderoso... Pero ni siquiera esta incertidumbre podrá derrotarnos. Gracias a personas como tú. Sí, ella intenta alejarte de nosotros y parece que lo consigue, pero no lo hará. Porque ni siquiera la eterna oscuridad puede apagar tu luz, la luz que tu bondad, tu amor, tus sonrisas y tus palabras dejan en nuestros corazones. Ella intenta envolverte en olvido, pero para nosotros siempre permanecerás en el recuerdo. Intenta crearnos un vacío en nuestro interior, pero no puede porque tu sigues con nosotros... El eterno enemigo imbatible, por fin vencido. Y es que desde luego no sabremos si esos seres mágicos antes nombrados existen en los cielos, pero tú nos has demostrado y enseñado que al menos en la tierra si existen ángeles y tu eres uno de ellos. Vencedor de la muerte siempre iluminarás desde allá donde estés nuestro camino, para guiarnos, hasta conseguir como has hecho tú, resplandecer entre la oscuridad.
Nunca te olvidaré, tío.
Nunca te olvidaré, tío.
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